EDUCACIÓN Y DESARROLLO TECNOLÓGICO DE LA INFORMÁTICA

By: Magister Emerson A, Espiritu Saenz                                                                        # 02




La secuencia histórica de la Revolución de la Tecnología de la Información
               
La breve, aunque intensa historia de la Revolución de la Tecnología de la Información ha sido contada tantas veces en años recientes que se hace innecesario proveer al lector con otra reseña detallada. Además, dada la rapidez de su paso, cualquier relato de este tipo sería instantáneamente obsoleto, tanto que entre la escritura de este libro y su lectura (digamos, 18 meses), los microchips habrán duplicado su rendimiento por un precio dado, de acuerdo con la bien conocida "ley de Moore". Sin embargo, encuentro analíticamente útil recordar los ejes principales de la transformación tecnológica en la generación/ procesamiento/ transmisión de información, y situarlos en la secuencia que fue llevando hacia la formación de un nuevo paradigma socio-técnico. Este breve resumen me permitió, mas adelante, saltar las referencias sobre rasgos tecnológicos cuando discutía su interacción específica con la economía, la cultura y la sociedad a través del itinerario intelectual de este libro, excepto cuando se requieren nuevos elementos de información. 
.La Ley de Moore 
En 1975, Gordon Moore (cofundador en 1968 de la compañía Intel) afirmó que “el número de transistores por centímetro cuadrado en un circuito integrado se duplicaría aproximadamente cada 18 a 24 meses” [3]. Una previsión (¿promesa?) que Intel ha cumplido, como puede verse en la fig. 1.


Fig. 1. Gráfica de la Ley de Moore. La gráfica muestra la evolución del número de transistores o microchips Intel en el tiempo. Fuente: [12] 

Desde hace algunos años este proceso tecnológico se está encontrando las primeras barreras. En primer lugar se encuentran factores físicos: la cantidad de calor generado por los circuitos; el tamaño de las conexiones, cuyo límite pudiera estar en solo 10 átomos; o efectos cuánticos, dado que los transistores de última generación tienen un tamaño de unos 100 átomos y según se reducen se complica el cambio de estado entre ceros y unos, las unidades básicas de cálculo. Por otra, se encuentra el factor económico debido al coste del desarrollo: una línea para la fabricación de una nueva generación de chips cuesta alrededor de 7.000 millones de dólares y se estima que en la próxima década podría ascender a 16.000 millones de dólares. Una inversión que pocos fabricantes pueden afrontar, sobre todo si no tienen garantizado un retorno en ventas que mantenga el beneficio.

Para contrarrestar estos problemas se han propuesto varias soluciones, algunas de las cuales ya se han implementado. 

En primer lugar, se limitó la velocidad de los relojes internos, con objeto de producir menos calor, como muestra el diagrama adjunto. De manera simultánea se produjeron varios núcleos. En principio, es posible crear circuitos integrados de hasta 1000 núcleos, pero la distribución de tareas para que calculen de manera simultánea se complica cada vez más. En cualquier caso, hay tareas que no se pueden adaptar a este tipo de estrategia. Pero en el futuro podrían aparecer soluciones más innovadoras: desde la COMPUTACIÓN CUÁNTICA, de gran potencialidad pero que presenta sus propias limitaciones (el investigador español Juan Ignacio Cirac recibió el premio Príncipe de Asturias 2006 por su trabajo en este campo,) hasta la neuromórfica, inspirada en el cerebro y su estructural neuronal. También se está considerando cambiar el silicio por materiales como el grafeno o pasar de láminas bidimensionales a estructuras 3D. O, algo aun más innovador, dejar de mover corrientes de electrones y utilizar una de sus propiedades básicas, su SPIN, que se podría definir como su manera de girar. En cualquier caso, estas estrategias implican un cambio radical en la forma de diseñar y producir memorias y procesadores.

Lo anterior puede resumirse en que cada dos años hay en el mercado computadores más pequeños, de menor consumo y a más bajo costo, pero muchísimo más potentes que sus predecesores. Computadores sobre los que hoy corren aplicaciones que abarcan todos los sectores de la economía, que simplifican muchas operaciones y permiten volver simple lo complejo, automatizar lo que antes era manual y hacer más cosas con menos recursos. No podemos afirmar que es solo debido al crecimiento exponencial del número de transistores en un microprocesador que la productividad ha aumentado de forma significativa en algunos países (nuevamente, sobre todo en los desarrollados), pero ha sido un gran factor de potenciación de las economías que han basado sus procesos empresariales en las TIC. 

“La evolución de las prestaciones de las máquinas que estamos considerando (computadores) −dicen Tubella y Vilaseca [14]− es mucho más rápida que la de otro tipo de artefactos; pensemos, por ejemplo, en la evolución de los medios de transporte: coches, barcos, aviones, etc. La estadística de los últimos veinticinco años lo confirma, y las previsiones de los especialistas (incluidos los sensatos) no prevén un cambio de la ley en los próximos años”. Algo que, ciertamente, debe jugar a favor de los alcances que pueden y deben lograrse en los procesos productivos que usan TIC.
“Hay que señalar, de todas maneras −agregan Tubella y Vilaseca [14]−, que la Ley de Moore se refiere a la parte física (hardware), de los ordenadores. Desgraciadamente, la capacidad de producción de software no sigue una dinámica tan acelerada. Hay problemas muy de fondo, ligados a la modesta capacidad del ser humano para transformar su conocimiento sobre algún tema en automatismos conceptuales estructurados y cumplidos (cabe decir que un programa informático no es otra cosa que eso)”. Martínez-López y Luna Huertas [7] afirman que las TIC son recursos estratégicos al servicio de las empresas que andan en procura de mantenerse en entornos de gran competitividad. 

Las razones para justificar tal aseveración son diversas, y van desde reducir tiempos y costos de producción hasta agilizar la toma de decisiones, desde analizar oportunidades de mercado, comercialización, inversión, etc., hasta contar con mecanismos de toma de decisión rápidos, dinámicos y exhaustivos. “Las TIC permiten adquirir ventajas competitivas, provocando cambios en la estructura del sector y de la competencia, en las actividades que componen la cadena de valor de la empresa y en los enlaces externos que relacionan las actividades de la empresa con las cadenas de valor de sus proveedores y clientes” [7]. “Las compañías de hoy en día −afirma Ann Leer [6]− se manejan más por las verdades de la red de la ley de Metcalfe que por las verdades del hardware de la ley de Moore. Esa es una de las características de la economía de red. Y para aprovecharse de que las compañías puedan potenciar plenamente la Ley de Metcalfe, dichas compañías están acudiendo a los departamentos de Tecnología de Información (IT) para construir redes que sean más confiables e interconectar todas las facetas de los negocios”. 

La Ley de Metcalfe, formulada en 1976 por Robert Metcalfe, afirma que el valor de una red de comunicaciones aumenta proporcionalmente al cuadrado del número de usuarios del sistema (n2 ). Inicialmente, la ley pretendía explicar la forma de potenciar el uso de las redes Ethernet, pero con el tiempo fue un recurrente factor de sustentación para quienes buscaban incrementar el uso de Internet o la World Wide Web. Un ejemplo recurrente para explicar la Ley de Metcalfe plantea que tener una sola máquina de fax no sirve para nada, pero a mayor número de máquinas de fax interconectadas aumenta el valor, ya que aumenta también el número de personas conectadas entre sí. No cabe duda de que se trata de un cambio de paradigma impuesto por las necesidades siempre cambiantes de los usuarios. “Hoy en día −dice Ann Leer [6]−, las compañías como Citibank o Ford Motor Company o Federal Express ya no están restringidas por la velocidad del procesador, la Ley de Moore ya no va a hacer mucho más por estas compañías”.
En cambio, tales necesidades de los usuarios los llevan a centrar su mirada en otras necesidades, tales como llegar a más gente, en más lugares, con mayor eficiencia y disponibilidad. Precisamente lo que dice la Ley de Metcalfe: “el valor de la red crece exponencialmente” [6]. ¿Pierde con esto su valor la Ley de Moore? Ciertamente, no. 
Es cierto que una red que no llega a todos lados pierde valor, pero también es cierto que un computador que no es capaz de satisfacer las demandas de la vasta gama de programas que se diseñan para los diferentes sectores productivos también lo pierde. La amalgama no se logra simplemente, como se ve, por tener o no TIC implantadas en la empresa, no se logra por tener computadores más potentes, no se logra por tener programas con mayores funcionalidades. La conjunción de todos los factores es vital, esencial. 

Aunque a la Ley de Moore ya le ha salido una fuerte competidora, la Ley de Metcalfe, que busca posicionarse en el lugar que la Ley de Moore ha ocupado por cerca de 30 años, su valor sigue siendo enorme, y cada día se evidencia por las aplicaciones de mercado que exigen mayor capacidad de procesamiento para correr.

RESUMEN DE LA LEY DE MOORE



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